miércoles, 11 de septiembre de 2013

Moray

Me esperaba un nuevo día de visitas arqueológicas. Esta vez: Moray.
Decidí no hacerlo por tour como el anterior, que si bien me vino bien porque las distancias eran alejadas y te llevaban, me hubiese quedado mucho más tiempo en Pisaq de lo que realmente estuvimos.
Por eso,esta vez averigüé cómo llegar por mi cuenta. Era el mismo camino que habíamos hecho a las salineras de Maras, sólo que esta vez no podía seguir a pie ya que Moray quedaba a otros 7km.
Tardé una hora y media entre que salí del hostel y llegué a la ramal de Maras. Como siempre, me desorienté un poco para encontrar los buses, y además, los buses no salen hasta que no lo llenen de pasajeros.
Llegué a la ramal y la única opción si no se quiere ir caminando es tomar uno de los taxis que con tantas ganas esperan la llegada de pasajeros. Estaba sola, por lo que sabía que no iba  poder pelear el precio. El taxista me pidió 15 soles por ir hasta allá. A lo que le contesté que no y que pensaba esperar a que llegara más gente para compartirlo.

Intentando convencerme y diciendome que no mucha gente estaba bajando en la ramal, pasé los siguientes 10 minutos charlando con el taxista que estaba impaciente por concretar su viaje.
En eso, se bajaron dos turistas (con muuucha cara de turistas, tanto que el bus que las trajo les cobró un sol más a cada una por el tramo Cusco - Maras. Averiguar cuánto sale algo con anticipación está en el ADN sudaméricano) y preguntaron para hacer el viaje Maras-Moray. El mismo taxista que estaba hablando conmigo les contestó que salía 60 soles ir a los dos destinos y volver a la ramal. CARISIMO. Las mujeres primero dijeron que sí, y luego le "regatearon": CINCUENTA, le dijeron en un intentento de español. "Cincuenta y cinco", ofertó el taxista sin titubear, y las turistas de Estonia aceptaron sin más preámbulo.
A eso, se acercó hacia mí, que estaba esperando y me tanteó con "te llevo hasta Moray por 12 soles". Se imaginarán mi reacción... ni loca pensaba pagarle 3 soles menos cuando estabamos compartiendo el taxi 3 personas y encima, "escuché lo que les estás cobrando. Tenés el taxi vendido, no me jodas. Te doy 5 soles que es lo que me dijeron que salía compartir el taxi".
"Ok. Calladita", fue la respuesta del amigo. Y me subí adelante, fui charlando con las mujeres pero cumpliendo con mi palabra al tachero.



Así llegué a Moray, uno de los lugares que más me gustó y donde percibí una muy linda energía. Es famoso por el anfiteatro hundido, formado por cuatro andenes circulares que parecen desaparecer en el interior de la puna, a manera de un cráter artificial. Al parecer, el lugar constituía un centro de investigación agrícola inca dedicado a la experimentación de cultivos en torno a los diferentes niveles altitudinales de sus parcelas (algunas a más de 100 m de profundidad). Las andenerías, construidas sobre muros de contención rellenados con tierra fértil y regados mediante complejos sistemas de irrigación, permitían cultivar más de 250 especies vegetales..
La disposición de sus andenes produce un gradiente de microclimas teniendo el centro de los andenes circulares concéntricos una temperatura más alta y reduciéndose gradualmente hacia el exterior a temperaturas más bajas, pudiendo de esta forma simular hasta 20 diferentes tipos de microclimas.

En Moray conocí a un grupo de norteamericanos de un centro espiritual de Nueva York, que estaban de viaje por Cusco, hospedándose en un Centro Espiritual en Urubamba.
Me quedé charlando con su líder, quien había decidido no bajar a los andenes circulares ya que era como su 25ª vez que venía para Perú, y me ofreció llevarme hasta Urubamba en la mini van que el grupo había alquilado, donde luego podría tomar el bus de retorno a Cusco.
Desde la van de mis amigos newyorkinos

Regresamos por otra carretera de la montaña, con un paisaje impresionante, y entramos a Urubamba donde pude conocer la fachada del hermoso lugar donde se estaban hospedando.

El conductor de la van me llevó hasta el centro de Urubamba y de ahí regresé a Cusco.

Y por la noche, fuimos con Dorothy, una amiga canadiense de ella, Gi y Lía (argentinas de La Plata que llegaron al hostel) a una reunión que organizan todos los miércoles la gente de Couchsurfing. Para quienes no conoce, CS es una comunidad virtual que permite hospedarte en casa de gente o alojar a viajeros en tu casa. Algo que hice cuando estuve en España y que haré ya cuando llegue para Lima.
Noche divertida con un poco de Fernet y discoteca (El Templo). No hay fotos, jaja.

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