viernes, 4 de octubre de 2013

Paracas e Islas Ballestas

Ya al día siguiente seguimos viaje. Próximo destino: Paracas.
Nos fuimos de Huacachina a Ica, donde pensábamos recorrer un poco y degustar los vinos, que son muy conocidos. Pero ese día había un paro nacional de la CGTP (sindicato de trabajadores de Perú), así que las tiendas estaban cerradas, y las calles con manifestantes. El mediodía de Ica era un poco apabullante, así que nos fuimos directo a comprar el pasaje para marchar al nuevo destino.

Al otro día, madrugamos para salir para las islas. Hicimos un viaje en lancha de una media hora, en el cual ya podíamos anticiparnos a lo que estaríamos por encontrar: delfines y gaviotas que pudimos ver desde la lancha. Paramos en el tan famoso candelabro, que está dibujado sobre la arena y que no se conoce con certeza cómo fue creado y con qué objetivo, pero que guarda gran similitud con las famosas líneas de Nazca.
Teníamos que ir para Pisco, ciudad que lleva el nombre del famoso aguardiente peruano, de ahí tomarnos una combi hasta la entrada de Paracas, y de allí un taxi que nos acercara al centro.
Así hicimos y llegamos a eso de las 18. No hicimos más que bajar, que varias personas se nos acercaron, para ofrecernos hospedaje o la excursión a islas ballestas.
Salimos a recorrer algunos hostales, y nos quedamos en el Paracas Backpackers House. Un muy buen hostel con cocina, habitaciones privadas o compartidas, etc. Pero lo mejor, su dueño: Alberto, quien atiende muy cordialmente y da las mejores recomendaciones.

Dejamos las mochilas que nos había acompañado todo el día en las espaldas y fuimos derecho para el mar. Miento, hicimos una parada antes... a buscar la cerveza. El atardecer sobre el pacífico nos ofrecía un excelente momento que debíamos compartir con una cusqueña ;)
Paseamos un poco, y volvimos al hostel para bañarnos y salir a comer. Nos dimos un gustito y fuimos a comer pescado, en unos restaurantes que ofrecen menúes económicos.

Islas Ballestas
Las islas fueron impresionantes, miles y miles de animales marinos, entre los que se encontraban lobos marinos, pingüinos y aves guaneras.
Un espectáculo de la fauna marina en todo su esplendor. Muy recomendado.

El paseo duró unas dos horas. Al regreso, nos esperaba una degustación gratis de Pisco Sour, debido al Día Internacional del Turista que se festejaba ese día, y que se celebró también con un show de danzas típicas.

Con Marion y Carlos, amigo de Bogotá que conocimos en Huacachina y encontramos en Paracas
Nos compramos unas verduras en el mercado y salimos a caminar por la playa. Llegamos a una zona de casas muy coquetas y resorts muy lujosos, que nada tenían que ver con el centro de Paracas, donde estábamos hospedadas. Música internacional de fondo sonaba desde los parlantes, y enormes jardines con piscina se abrián de frente al mar.
Encontramos un excelente lugar con sillones frente al mar, que correspondía a uno de estos hoteles, pero que no tenía ninguna persona de seguridad, así que nos mandamos ahí para almorzar y recostarnos un rato. Free Service =)
Después de la linda caminata y estancia en el hotel, volvimos para buscar nuestras mochilas y salir de los lindos pueblos para adentrarnos en la gran capital limeña...

jueves, 3 de octubre de 2013

Cuando pase el temblor

Viajamos unas 10 horas de Arequipa a Ica. El micro muy lindo, pero la ruta muy sinuosa así que lo padecí un poco. Pero nada grave. La cena que servían y no comí por el malestar sirvió como almuerzo del día siguiente =)
Llegamos a Ica a las 6am y de ahí nos fuimos directamente para Huacachina, que es literalmente un oasis en el desierto. Minúsculo con una laguna muy linda, pero super turístico. Sólo hostels que no bajan de los 20 soles y restaurantes. Para pasar una noche estaba bien.
Laguna
Buscamos hospedaje y finalmente optamos por el Bananas, que tenía muy buena onda, típica de hostel playero, con una linda pileta para pasar la tarde antes de ir por la excursión en los boogies y probar el sandboarding.
Bananas Hostel
Estábamos disfrutando la vida, escuchando garota de Ipanema, cuando a eso de las 12 empezó a temblar el piso y el agua se movía de un lado para el otro de la piscina. No fue fuerte, y no habrá durado más de 10 segundos, pero parecieron 10 minutos en los que no sabíamos cómo iba a seguir el pequeño susto.
Por suerte, no se sintió más que eso en Ica. Aunque en otras zonas cerca de Arequipa sí hubo mayores problemas y el epicentro alcanzó los 6.8 grado. La gente del sur quedó muy asustada por el último terremoto en 2007, en el cual murió mucha gente y hubo varios desastres.
Estuvimos sin electricidad unas horas, pero luego volvió y todo parecía haber vuelto a la normalidad.
A las 16 salimos en los super boogies hasta las dunas. El paisaje increíble, y la experiencia parecida a la de Jericoacoara en Brasil, cuando viajamos con Agos y Meli. Aunque el boogie allá eran tipo autos, acá más bien colectivos boogies ;)
Foto en boogie sacada desde el cel
La primera deslizada con la tabla, obviamente la hice acostada. Y en las siguientes me hice la "sandboarder" (no sé si estoy inventando un término). Así caía a la arena a los 5 segundos. Fue divertido y volví con más arena encima que habilidades para este deporte. Pero contenta de haberlo intentando.
Por cuidar en extremo mi cámara, preferí no llevarla a las dunas así que no podrán deleitarse con mis poses en la tabla. Por ahora, Marion sí sacó así que prometo no defraudarlos con el momento de risa...

Sin más bolivianos, a Perú nomás



Me quedaron algunas cosillas pendientes, como ir a la Isla de la Luna (que justo estaba en 21 de septiembre y había una fiesta especial) y hospedarme en la parte norte, pero bueno... todo pasa por algo y tuve que volver para Copacabana.
Saqué un boleto para Arequipa y salí por la tarde. De vuelta, cruzar la frontera. Iba con la idea de renovar mi estadía por 90 días más (just in case) pero mi pasaporte ya está escrachado con mi exceso de permanencia la vez anterior, y no me querían dar más de 30 días... le negocié 60, para sumar en total 90 (lo que tenemos permitido los argentinos) y pasé...
En el bus conocí a Marion, una suiza de 26 años, muy buena onda y que en 3 semanas de viaje por Sudamérica se viene defendiendo muy bien con el español. Íbamos para el mismo lugar así que cuando llegamos a Arequipa nos hospedamos juntas (llegamos sábado a la noche y había habido una convención de minería en la ciudad, por lo que fue dificil encontrar algo pero terminamos en un hospedaje lindo y económico, aunque sin tarjeta de crédito), algo que haríamos luego por unos 10 días en el que estuvimos viajando por Huaccachina, Paracas y unos días de Lima.
Monasterio Santa Catalina
Aprovechamos para conocer la ciudad, puente Bolognesi, Plaza de Armas, el mercado San Camilo. Turisteamos con una amiga de ella de Suiza que está trabajando en Arequipa, junto con dos franceses (Imagínense cuatro personas de habla francesa y yo... terminé de constatar que no tengo facilidad para aprender fácilmente idioma.. jaja).
La segunda noche la pasamos en otro hotel porque yo tenía que ir en busca de uno que aceptara tarjeta. Entramos de caraduras en un hotel sólo para averiguar el precio (85 soles la habitación para dos). Pero a la dueña del Arequipa Inn, que había estudiado medicina en La Plata  y tenía un cariño especial por Argentina, le caímos bien y nos lo dejó a 30 soles cada una (no conseguíamos nada por menos de 25) en una habitación de un hotel con baño privado, toallas ¡!, desayuno continental.. en fin, un lujo para un mochilero.
Coincidimos con un recital de Hip Hop en la plaza, hicimos también un free tour por Arequipa, para conocer más acerca de su historia y fuimos al Monasterio Santa Catalina, un convento de monjas que actualmente sigue funcionando, y que es literalmente una ciudad dentro de otra, con calles internas estilo andaluz y llamativos colores.
Montaña Misti
Por la noche fuimos a degustar unos Pisco Sour (en el Pirwa Cusco son mejores!) y terminamos yendo con Marion y unos amigos peruanos, Mois y Jesús (en serio el nombre de la dupla) a bailar salsa en una disco bieeen local.
Yo sin muy bien para dónde seguir, finalmente la seguí a Marion que me convenció de probar el sandboard en la laguna de Huacchachina... Así que sacamos boleto para Ica, y hacia allá fuimos.


Isla del Sol

Hacía 4 años que no iba a Bolivia. La última vez (y única) fue en 2009, cuando nos fuimos de "mochichetas" con Clari, Palo y Mica para el norte y terminamos en el grandioso Salar de Uyuni.
Algo me habían hablado de la Isla más algunas fotos que vi de amigos que estuvieron allá. Pero no iba con tanta idea de qué iba a encontrar, más allá de un viaje en barco para llegar.
Decidí no pasar la noche en Copacabana y me saqué un boleto directo para la Isla. Lado Sur. Lo que considero la "macana" del viaje. Porque si bien no pagué caro por mi hospedaje (negocié con la mamita a unos 18 bolivianos por día), el lado norte mola mucho más, como diría un español.
Llegando a la Parte Sur
Pero todo pasa por algo, y en el lado sur conocí a un grupo de amigos italianos muy buena onda con quienes subí al mirador el primer día y luego fuimos a tomar una birra durante el espectacular atardecer en la isla.

La noche es aun mejor. No hay ningún movimiento ni ruidos. Sólo los animales y algún que otro paso de alguien del pueblo que camina. Sólo la luna (que durante mis días estuvo bieeen llena y amarilla) y las estrellas (sin ánimos de armar una frase romántica) iluminan la isla.

Al otro día emprendí la caminata hacia la parte Norte. Lo que llama la atención es un especie de peaje que te encuentra cuando vas de camino. Un lugareño me frenó y me dijo que valía 15 bolivianos pasar para el otro lado de la isla.
Unos argentinos en Cusco me habían alertado de esta situación, y me dijeron que ni se me ocurra pagarlos ya que se podía arreglar por menos. Eso hice, y charlando con el señor que cobraba por el ticket, acordé que le daría 5 bolivianos cuando regresara de vuelta para la parte Sur. Él me indicó el camino que debía seguir para no volver a ser interceptada por el control de boleto, y emprendí mi caminata hasta la parte Norte.

Fueron unas lindas dos horas, en las que caminé por las casas de las comunidades aborígenes que viven en la Isla y realizan agricultura, turismo, artesanías.
En el camino, conocí a un venezolano con su guía, con quienes fuimos charlando y caminando hasta llegar a Challampapa, la parte norte.

Mucho más pintoresca, tranquila, con playa, gente bohemia acampando, precios más baratos es la parte norte. No entendía qué hacía del otro lado y me dieron ganas de mudarme para allá. Hablando con unos chicos que conocí, quedé en que al otro día iría. Lamentablemente, los 20 dólares que había cambiado en Desaguadero no pude hacerlos durar mucho más en este lugar tan turísticos y sin tarjeta de crédito, y cuando regresé a la parte sur, caí en la cuenta que sólo me quedaban 25 bolivianos. Es decir, para la lancha de regreso a Copacabana.

Mi último día en la Isla del Sol culminó entonces con el regreso (otras dos horas) hasta la parte sur, en companía de los italianos a quienes me encontré en Challampapa, los 5 bolivianos que le había prometido al señor del peaje ("si eres honrada, volverás por este camino y me darás los 5 bolivianos", me había dicho), otra cerveza para brindar por el retorno y té post cena con los simpáticos milaneses.

Al otro día a la mañana, ya de vuelta para Copacabana.


"El viento viene, el viento se va... por la frontera"

Uff.. tengo que hablar sobre los últimos 20 días de viaje... que fueron bastante ajetreados. Sobretodo porque anduve en más de 5 lugares.. Pero esto de no contar con pc propia hace que haya tenido que demorar en mis apariciones bloggeras. No se preocupen.. vuelvo con algunas anécdotas más para todos los fans que me extrañaban.
Finalmente estuve un mes exacto en Cusco. Me quedé hasta el 19 de septiembre, que era el tope máximo que tenía para poder estar en Perú...
Seguí recorriendo el valle sagrado, vi danzas típicas de Perú, caminé por sus calles, continué trabajando en el Pirwa, trabajando a modo freelance también para una agencia española (Gracias Lu y José Ramón!), salí de noche después del laburo, tomé mucho te vikingo (bebida alcoholica caliente), me enfermé, me recuperé, y estuve para el cumple de Dorothy, cn festejo incluído en mi última noche en la fantástica ciudad cusqueña que tuve oportunidad de conocer a fondo, pero no lo suficiente como para pensarme de vuelta en otro momento.
Pero..por qué era el tope máximo de estadía en Cusco?De gila, cuando llegué a Lima desde Bs As, dije que me quedaba por un mes... y eso fue lo que me marcaron en mi pasaporte...una boluda, porque tenía hasta 90 días para quedarme.. pero no lo sabía, y por miedo a que me interroguen, viéndome sola y en plan mochilera, le dije que me quedaba por ese tiempo nomás.
Si te quedas más de lo establecido, te cobran 1 dólar por día como penalización. Así que tenía dos opciones: o iba a Lima y pedía una prórroga (30 días) en la embajada o cruzaba la frontera y volvía a renovar mi estadía.
No saqué fotos en este tramo... así que robo una de internet, igual pero con lluvia.
Opté por la segunda y me bajé para Bolivia. Destino: Copacabana, a unas 9 horas en bus. Copacabana limita con Puno, y cuenta con el fantástico Lago Titicaca, el más alto del mundo, que comparten Bolivia y Perú.
No quiero embolarlos mucho con el tema, pero la realidad es que en la frontera me hicieron bardo. Para legar alli yo había tenido que tomar dos buses. Uno desde Cusco hasta Puno, y el segundo desde Puno hasta Copacabana. El bus espera a que los pasajeros hagan migraciones en Desaguadero , y luego sigue para la ciudad. Eran las 6 am y habíamos llegado a la frontera. Hacía frío y llovía bastante. Pero bajamos para hacer el tramite que duraría unos 15 minutos. Cuando me atiende el oficial, me dice que estaba excedida en tiempo. Yo no entendía nada. Estaba cruzando un mes exacto después de mi primer ingreso a Peru. Pero lamentablemente (y yo no me di cuenta) era que agosto tenía 31 días. Por lo tanto, sí... estaba excedida por un fucking día...
Obviamente que el problema no era pagar el dólar de multa (intenté zafar pero me tocó un oficial muy "serio", como me dijeron unas mujeres al contarles lo que me habían dicho). Sino que el pago no se hacía allí sino en el pueblo aledaño. Por lo que tuve que dejar el bus en el que estaba. Agarrar la mochila, y salir en busca de algún bus que viajara hasta allá. Además, tenía que sacar unas fotocopias... en fin, todo el trajín me costó más que la multa.. Tardé unos 45 minutos, había perdido el bus, tenía que tomar otro y llegar a Copacabana. Tenía la cabeza en cualquier lado, y cambié unos lindos 20 dólares solamente en busca de 132 bolivianos, que yo pensaba que me eran suficientes para unos 4 días en el país de Evo.
Crucé la frontera caminando y me subí a uno de los buses que me llevaban al centro. Y en el medio del viaje me doy cuenta que había olvidado en el otro bus mi "brand new" bolsa de dormir sin estrenar que había llevado conmigo por si hacía frío durante el viaje, como bien suele pasar....
Con más bronca todavía, digamos que mi baada a Bolivia no fue de lo mejor. La bolsa de dormir me iba a servir para contados casos en mi viaje (ya que no voy con carpa), y sabía que la Isla del Sol, a donde iba a pasar la noche, era uno de esos lugares donde SÍ la iba a necesitar.
Por suerte, el destino me dio una caricia y en la plaza me encuentro a dos argentinas que habían compartido conmigo ese bus. Les conté lo que me había pasado y me dijeron que me apurara porque aun no había salido de Copacabana. Así que fui corriendo con la mochila hasta la oficina de la empresa, y pude dar con mi abrigada bolsa que bien me serviría los dos días siguientes. Ahora sí, empezaba a disfrutar mi llegada a Bolivia.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Sexywomen de paseo

Luego de la salida de la noche anterior, hubo que tomar fuerzas y levantarse temprano. Un nuevo recorrido por los hermosos sitios cusqueños nos esperaba: Sacqsaywaman, Qenqo, Puka Pukara y Tambomachay.

Fuimos con mi tocaya argentina Gi y Lía (divinas platenses que conocí en el hostel) rumbo al primer destino, Saqsaywamán.

Una "linda" caminata de 2km (ya no pongo más que fue cansadora porque no quiero quedar quejosa.. pero creo que nunca me logré recuperar de Mapi) nos llevó hasta la entrada del sitio, en el que luego debíamos seguir subiendo. 

Caranchos de tours
Así denominamos nuestra visita a Sacsaywamán (a quienes los gringos denomina Sexywomen). Como fuimos por nuestra cuenta, íbamos colándonos en cuanto tour en inglés o español se aparecía para poder conocer la historia y arquitectura del lugar, entender dónde estaba el Puma que formaban las piedras, y cuál era la piedra de 12 ángulos.

El nombre viene del quechua y significa: "lugar de donde se sacía el halcón". Se comenzó a construir durante el gobierno de Pachacútec, en el siglo XV; sin embargo, fue Huayna Cápac quien le dio el toque final en el siglo XVI. Es la mayor obra arquitectónica que realizaron los incas.

Para levantar la fortaleza los gobernantes incas necesitaron más de 70 años y la fuerza de 20 mil hombres para sacar piedras de las canteras, transportarlas y colocarlas una tras otra de manera tan precisa, que a la fecha no puede ingresar ni la punta de un alfiler.
 


Mística en Qenqo
Luego de tomarnos unos renovadores mates en la colina del Inka, partimos para Qenqo, que quedaba a 15 minutos caminando.
Allí, conocimos a un grupo de colombianas y peruanas. Una de ellas nos contó que ya había ido hacía unos años, con un chamán que le dijo que sólo una vez pasara por el sitio sagrado que se encuentra en el lugar. Es tal la energía, que hay que entrar y pedir tus deseos con las manos levantadas. Cuando salís, te llevás la energía positiva y por ese motivo no debés volver a pasar por allí. Ella esperaba a sus amigas afuera por tal razón, y porque lo que había pedido se le había cumplido.
Las piedras frías, el ambiente oscuro y el silencio que nos alimentaba hicieron de nuestra estadía un momento especial.
Tambomachay y Puka Pukara

Luego de una sorprendente visita por Qenqo, nos tomamos una combi que nos llevaba hasta Tambomachay. Tambomachay es un lindo sitio que solía ser un destino de vacaciones de los incas. De ahí su nombre, que significa "lugar de descanso" en quechua.
Este sitio fue destinado también al culto al agua. Un vendedor de tapices nos dijo que nos mojáramos la cara con el agua que salía de las piedras, que íbamos a sentirla mucho más suave y tersa. No sé si fue por el protector solar que tenía encima, pero realmente se sintió así.

Finalmente, cruzamos a Puka Pukara, otra muestra de arquitectura militar que además funcionó como centro administrativo. Con simpáticas llamas que circulan por allí, recorrimos el lugar y terminamos la tarde con otros exquisitos mates arriba de la piedra.
Y volvimos para Cusco nomás, que a las 18 tocaba entrar a trabajar al bar.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Moray

Me esperaba un nuevo día de visitas arqueológicas. Esta vez: Moray.
Decidí no hacerlo por tour como el anterior, que si bien me vino bien porque las distancias eran alejadas y te llevaban, me hubiese quedado mucho más tiempo en Pisaq de lo que realmente estuvimos.
Por eso,esta vez averigüé cómo llegar por mi cuenta. Era el mismo camino que habíamos hecho a las salineras de Maras, sólo que esta vez no podía seguir a pie ya que Moray quedaba a otros 7km.
Tardé una hora y media entre que salí del hostel y llegué a la ramal de Maras. Como siempre, me desorienté un poco para encontrar los buses, y además, los buses no salen hasta que no lo llenen de pasajeros.
Llegué a la ramal y la única opción si no se quiere ir caminando es tomar uno de los taxis que con tantas ganas esperan la llegada de pasajeros. Estaba sola, por lo que sabía que no iba  poder pelear el precio. El taxista me pidió 15 soles por ir hasta allá. A lo que le contesté que no y que pensaba esperar a que llegara más gente para compartirlo.

Intentando convencerme y diciendome que no mucha gente estaba bajando en la ramal, pasé los siguientes 10 minutos charlando con el taxista que estaba impaciente por concretar su viaje.
En eso, se bajaron dos turistas (con muuucha cara de turistas, tanto que el bus que las trajo les cobró un sol más a cada una por el tramo Cusco - Maras. Averiguar cuánto sale algo con anticipación está en el ADN sudaméricano) y preguntaron para hacer el viaje Maras-Moray. El mismo taxista que estaba hablando conmigo les contestó que salía 60 soles ir a los dos destinos y volver a la ramal. CARISIMO. Las mujeres primero dijeron que sí, y luego le "regatearon": CINCUENTA, le dijeron en un intentento de español. "Cincuenta y cinco", ofertó el taxista sin titubear, y las turistas de Estonia aceptaron sin más preámbulo.
A eso, se acercó hacia mí, que estaba esperando y me tanteó con "te llevo hasta Moray por 12 soles". Se imaginarán mi reacción... ni loca pensaba pagarle 3 soles menos cuando estabamos compartiendo el taxi 3 personas y encima, "escuché lo que les estás cobrando. Tenés el taxi vendido, no me jodas. Te doy 5 soles que es lo que me dijeron que salía compartir el taxi".
"Ok. Calladita", fue la respuesta del amigo. Y me subí adelante, fui charlando con las mujeres pero cumpliendo con mi palabra al tachero.



Así llegué a Moray, uno de los lugares que más me gustó y donde percibí una muy linda energía. Es famoso por el anfiteatro hundido, formado por cuatro andenes circulares que parecen desaparecer en el interior de la puna, a manera de un cráter artificial. Al parecer, el lugar constituía un centro de investigación agrícola inca dedicado a la experimentación de cultivos en torno a los diferentes niveles altitudinales de sus parcelas (algunas a más de 100 m de profundidad). Las andenerías, construidas sobre muros de contención rellenados con tierra fértil y regados mediante complejos sistemas de irrigación, permitían cultivar más de 250 especies vegetales..
La disposición de sus andenes produce un gradiente de microclimas teniendo el centro de los andenes circulares concéntricos una temperatura más alta y reduciéndose gradualmente hacia el exterior a temperaturas más bajas, pudiendo de esta forma simular hasta 20 diferentes tipos de microclimas.

En Moray conocí a un grupo de norteamericanos de un centro espiritual de Nueva York, que estaban de viaje por Cusco, hospedándose en un Centro Espiritual en Urubamba.
Me quedé charlando con su líder, quien había decidido no bajar a los andenes circulares ya que era como su 25ª vez que venía para Perú, y me ofreció llevarme hasta Urubamba en la mini van que el grupo había alquilado, donde luego podría tomar el bus de retorno a Cusco.
Desde la van de mis amigos newyorkinos

Regresamos por otra carretera de la montaña, con un paisaje impresionante, y entramos a Urubamba donde pude conocer la fachada del hermoso lugar donde se estaban hospedando.

El conductor de la van me llevó hasta el centro de Urubamba y de ahí regresé a Cusco.

Y por la noche, fuimos con Dorothy, una amiga canadiense de ella, Gi y Lía (argentinas de La Plata que llegaron al hostel) a una reunión que organizan todos los miércoles la gente de Couchsurfing. Para quienes no conoce, CS es una comunidad virtual que permite hospedarte en casa de gente o alojar a viajeros en tu casa. Algo que hice cuando estuve en España y que haré ya cuando llegue para Lima.
Noche divertida con un poco de Fernet y discoteca (El Templo). No hay fotos, jaja.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Valle Sagrado de los Inkas

El martes 3 de septiembre comencé el recorrido por los atractivos turísticos de Cusco. El lugar elegido: el Valle Sagrado de los Inkas.

Salí con el tour que duraría todo el día a eso de las 8 de la mañana. El guía, José Aguilar (no el detestado ex presidente de River) nos fue explicando el paisaje que íbamos recibiendo desde el bus. Era espectacular. Se veían las montañas (apis, en quechua) con terrazas de cultivo, respaldadas por picos nevados que se extendían junto con el Río Urubamba, Vilcanota o Wilcamayo (río sagrado en quechua), que nace entre Cusco y Puno, cruza todo el Valle Sagrado y fluye en el Amazonas.

José nos explicó que en Perú se cultivan más de 3000 variedades de papas, más de 3000 variedades de batatas y unas 55 variedades de maíz.
No todas las especies de papas son para alimentarse. Aquellas que crecen a mas de 4mil metros de altura tienen en su componente un ácido que genera toxicidad a la papa, salvo que sea tratado en un proceso de deshidratación. Y es el que actualmente utilizan para convertirlas en alimentos de las alpacas y llamas que habitan la zona.

PISAQ
Terrazas de Pisaq
El primer sitio arqueológico que visitamos fue el yacimiento ica de Pisaq. Ubicado a 2900 metros de altura, Pisac es un ejemplo de ingeniería para el manejo de tierras y agua. Fue utilizado por los incas para expandir la producción agrícola. Cómo? Ampliando la capacidad de producción en las montañas más allá del piso fertil que tenían abajo de las mismas. Construyeron terrazas de cultivos en la altura, para así poder producir más. Pero esta estrategia necesitaba de tácticas de riego de las terrazas. Detrás de Pisac se encuentran glaciares que los incas aprovecharon para traer el agua hasta la terraza más alta. En época de lluvias, luego de la siembra, el agua alcanzaba la terraza más alta, y luego por ley de gravedad, el agua continuaba cuesta abajo hacia el resto de las terrazas, generando el riego natural necesario para poder cultivar la producción.
Las terrazas están perfectamente diseñadas de manera homogénea. Además, en Pisaq se observan vestigios de lo que fue el área de viviendas de los inkas trabajadores.

Camino a Urubamba pasamos por Calca, donde pudimos visualizar terrenos de cultivo endozados a la montaña. Algo que no permite el uso de maquinaria agrícola tradicional para trabajar la tierra. El guía nos contó que hasta 1969 las tierras correspondían al hacendado. El gobierno militar de esa época, a través de una acción socialista, modificó esa norma, comenzando a adjudicar las tierras a los campesinos. Pero el problema fue que los campesinos sabían trabajar la tierra, no administrarla, algo que generó una gran crisis por ese entonces en Perú, y que generó el nacimiento de las cooperativas agrarias en el país. Algo que hoy ya no se practica. Las comunidades vecinales trabajan sus tierras y venden la producción a empresas.

En estas zonas rurales es muy común observar arriba de los hogares unos toros. Son protectores del hogar que se colocan por única vez cuando se termina de construir el techo de la casa. Los dos toros de cerámica simbolizan la fuerza trabajadora (que realizan el padre y la madre), y están acompañados de dos botellitas de vidrio: una con agua bendita y la otra con chicha o vino.



Ollantaytambo
Luego de la parada para el almuerzo (yo la única sudaka que se había llevado su propia comida para no ir al restaurant) nos dirigimos al hermoso pueblo de Ollantaytambo (que significa "lugar de descanso de Ollanta" -cacique que tuvo un romance con la hija de Pachacútec). 

Durante el incanato, Pachacútec conquistó la región y construyó un pueblo y centro ceremonial que aún hoy es habitada. Cuenta también con terrazas como en Pisaq, pero no de producción sino de retención en caso de sismos.
Lo extraordinario de Ollanta es su dimensión arqueológica. En una de las montañas hay labrado un inca, que representa el punto exacto por donde pasa el Sol y que los incas idearon para diferenciar los equinoccios y solsticios.
En el sitio arqueológico se puede ver el tempo del Sol y Tempo de la Luna, con piedras que los incas trajeron cruzando el río Urubamba y que por la distancia y el peso de la piedra, resulta una locura verlas instaladas cerca de la cima de la montaña. Trabajo que dicen debe haber llevado unos 1000 años y que realizaban con su propia fuerza, un sistema de rampas y sogas.

Chinchero
Finalmente, visitamos el mercado y sitio de Chinchero. Nos recibieron unas mujeres locales que nos enseñaron el arte del tapizado, las diferencias entre las lanas de oveja, oveja bebé y alpaca, y la creación de los colores a través de la tintura de las lanas que lavan con detergentes naturales y que tiñen con hierbas naturales también.
Llegamos al sitio arqueológico de Chinchero a eso de las 17.30 hs, ideal para poder apreciar el atardecer desde lo que en la época incaica fue la hacienda real de Túpac Inca Yupanqui, así como un templo colonial.


Atardecer en Chinchero

Regresamos a eso de las 18.30 a Cusco, justo para comenzar con mi jornada laboral del día. Repleta de información y con los ojos estupefactos de tanta belleza e inteligencia que supieron tener los incas, y que por suerte aún, podemos apreciar e intentar comprender.

Y al fin saqué el boleto turístico

Tengo que confesarlo. Me resistí durante días. Es caro.
Renzo, amigo de couchsurfing que vive en Cusco me había dicho que era un robo. Los chicos del hostel, en grupo, habían conseguido pagar un poco menos a la entrada de cada sitio arqueológico y por eso no lo habían sacado.
Cusco te ofrece un boleto turístico para recorrer (casi) todas las atracciones arqueológicas y culturales de la ciudad. Tenés tickets individuales para diferentes sitios y la opción de un boleto integral para visitar los 16 lugares comprendidos en 10 días. Para mi caso, convenía mucho más el segundo.
Lamenté como nunca no ser actualmente estudiante, ya que si hay alguna sugerencia que puedo darles desde mi experiencia, es que si son estudiantes tengan con ustedes la tarjeta ISIC a la hora de visitar Perú. Tanto los tickets para Machu Picchu como los sitios turísticos de la ciudad, salen casi la mitad de precio.
Estuve al punto de caer en la inmoralidad total (hacerme pasar , pero finalmente desistí y fui a comprar mi boleto. Lo venden en la Municipalidad pero el costo se abona solamente en efectivo. Por suerte, Fede, el voluntario argentino del hostel al que reemplacé, con el mismo dilema de los dólares, me avisó que en la agencia de al lado del hostel podías comprar el ticket, con un recargo de 8 soles, pero con tarjeta de crédito.
Así que compré el boleto, para comenzar al día siguiente, con una excursión que también saqué con la agencia para hacer el Valle Sagrado.

Apuestas con espíritu

El miércoles mejoró así que salí del estado de ermitaña y salí para las afueras del centro de Cusco. Caminé varias cuadras y dí con una feria en el barrio de Wanchaq. Solamente con gente local, la feria ofrecía juegos para los chicos, tiendas de comidas y stands de libros, ropa, dulces, bebidas...




En la feria conocí a un limeño (limado no, limeño) de unos 50 y picos años, Ruy, con quien me quedé charlando y resultó tener una historia de vida fascinante y llena de adrenalina. Pelo largo con canas y ojos azules, de madre peruana y padre ruso, actualmente vive en Cochabamba, Bolivia. Fue guía de turismo -habla 5 idiomas-, trabajó en una empresa aérea pero hace ya varios años encontró una actividad que le apasiona y le permite ganar dinero. Es apostador en los estadios de fútbol de Cochabamba.
¿Cómo que sos apostador? - le pregunté.
- Yo anticipo el resultado del partido que se va a jugar, y lo escribo en un cartel. Recorro las tribunas y apuesto ese resultado a los hinchas. La apuesta mínima es de 5 bolivianos.
Según Ruy, es el "único" apostador del mundo, prestigio que le otorgó el mismísimo Bilardo una vez que, como entrenador de la Selección Argentina, fue a Bolivia a jugar un partido. "Y es porque es una actividad muy compleja y arriesgada", asegura. Con este trabajo ha perdido muchísimo dinero, pero como él bien reconoce, es más lo que gana y que le permite continuar con su vida sin itinerario.

Me dijo que lo han entrevistado muchas veces por esta actividad, apareciendo en medios de comunicación diversos de Bolivia. Y lo comprobé, al googlearlo apareció su nombre y algún reportaje que le han hecho.
Pero además de las apuestas, Ruy es muy espiritual y romántico. Gran seguidor de Osho, hace varios años da charlas sobre espiritualidad y enseñanzas de vida en escuelas, universidades y hasta colectivos. Con estas acciones, buscar "cambiar" el mundo, enseñando a la gente a ser feliz y a encontrar las verdaderas satisfacciones en la vida. "Estuve recorriendo varios lugares de Bolivia y Perú pero mi proyecto es aún más ambicioso. Es internacional. Y para eso necesito una socia que tenga mi misma sensibilidad y con la que pueda organizar estas conferencias".

Ruy me ofreció comenzar con este emprendimiento "sin fronteras" alrededor del mundo, asegurando que era "la persona indicada". Se imaginarán cuál fue mi respuesta, pero le prometí que hablaría sobre su historia y lo contactaría en caso de que encontrara a alguien que tenga realmente interés y deseos de comenzar esa ambiciosa y espiritual travesía.

Lamentablemente no tengo una foto de él, se las debo..

Y después de MAPI, a trabajar y descansar un poco

Volví de Machu Picchu el lunes a la madrugada. Y en el mismo estado estuve los primeros días de regreso a Cusco. Sumado a que el clima no favoreció, dejé un poco el ritmo turístero para adentrarme más en Cusco y en mi nuevo trabajo como voluntaria en el hostel.

Lo primero.. tuve que ir a arreglar la mochila, así que fui a la calle donde se encuentran las "renovadoras", que arreglan calzados.
En la renovadora, cambiando el cierre de mi mochila rota.


Aproveché también para alimentar este blog, subir las fotos, leer en la plaza, tomar mates con Fede y Dorothy (los encargados del Pirwa), comprar víveres en el mercado, alimentarnos de la mazamorra que prepara nuestro gran cocinero del bar Cristian, sobretodo las tardes en que hace frío y hay hambre.


Día de comida peruana en el Pirwa

Mazamorra para calmar el hambre y el frío


viernes, 30 de agosto de 2013

Ciudad Inka. Por fin Machu Picchu

Eran las 4 am y sonó el despertador en la habitación del pueblo de Aguas Calientes. Por suerte ya tenía todo armado. Había que abrigarse y bajar a la recepción donde nos encontrábamos todo el grupo. Salimos 4.30 ocho de los once chicos (tres decidieron hacer el camino en bus).
Agarramos las linternas (en realidad, todos tenían las linternas que se ponían en la cabeza y facilitan la visión.. yo agarré mi linterna común) y salimos por el pueblo para comenzar la subida hasta la base de Machu Picchu.
Lamento no tener fotos de todo este tramo. Amo mi cámara reflex pero para varios de los momentos en que estabamos caminando por las montañas, subiendo piedras, lo mejor sería tener una cámara chica y fácil de guardar.

Y mi estado durante la subida durante esa hora y media no era el mejor. Con campera, poncho, mochila debajo del poncho, la lluvia, las luces de las linternas que nos iluminaban... parece todo muy simpático a la lectura. Pero si le sumamos los 3 días previos de actividad física y los mil gigantes escalones que nos separaban de la base, podemos decir que me encontraba en un "hermoso infierno" (como leí en las crónicas de otro bloggero).
Se tarda unas dos horas aproximadamente subiendo, a diferencia de los 25 minutos que tarda el bus. Admito que me acordé de las madres de todos los inkas, pero la satisfacción de ver que por fin había algo más que un sinfin de escalones cuando llegué, me hizo olvidar de todo el sufrimiento y fatiga que volví a tener luego de mis ataques de bronco espasmo de pendeja.


Como suponíamos, el día no era el mejor por la mañana. Había mucha niebla y era dificil ver el amanecer, y las montañas. Pero tenía su encanto. Nos encontramos con Amoroso en la entrada y comenzamos un tour por los principales lugares sagrados de Machu Picchu (que significa "montaña vieja" en quechua). Realmente es increíble. Pensar que venimos con la eduación europea en donde los griegos, los romanos fueron los principales ingenieros y creadores de sistemas ferroviarios, hidráulicos.. Uno ve esa inmensidad montada sobre montañas de unos 2490 metros sobre el nivel del mar, y no puede creer escuchar el sonido del agua que corre por caños dentro de las piedras, el sistema de drenaje (que dicen, fue el gran hallazgo que encontraron los incas para lograr tanta longevidad a una ciudad emplazada entre dos montañas, en una región sometida a terremotos...), la arquitectura que idearon con la superposicion de piedras encastradas de manera perfecta, sin ningún adhesivo entre cada una de ellas.. o vislumbrar lo que en su momento fueron carreteras para la comunicación del pueblo inca. Es fascinante y por algo, desde el 2007 es considerada una de las Siete Maravillas del Mundo. Pero más importantes que eso, era la propia experiencia que se alimentaba de todos los sentidos y de la pasión con la que Amoroso nos contaba los detalles de lo que él llamaba: "su casa".


Ya a eso de las 8 am, nos despedimos de Amoroso y todo el grupo en la Roca Sagrada, quienes habíamos convivido durante cuatro días. Ya cada uno era libre de investigar a su manera la Ciudad Inka.
Yo, tenía mi entrada para subir el Huaynapichu. La "montaña nueva", en quechua. Para subirla, necesitás sacar el ticket con al menos 2 semanas de antelación, ya que solamente pueden subir 400 personas por día (por la complejidad para subirla) en dos turnos de 200 personas.


Por suerte, mi turno era el de las 10 am, y para ese entonces ya las nubes comenzaban a despejarse. Por suerte también (para mí, no para los que la subieron a esa hora sin ver nada), hubo niebla hasta esa hora, así que no era tan consciente de todo lo que me esperaba aun por delante.

Creo que la subida fue de lo mejor de mi visita. La altura de la montaña es de 2667 msnm. La subida está constituída por piedras (muchas de ellas labradas de la misma montaña). Algunas más peligrosas que otras, pero con barandas de soga en las partes más dificiles. Es muy empinada, llegando a ascensos de casi 90º. Pero se puede. Intenten lo único que no se les rompa la mochila.. como me pasó a mí, teniendo que atarla con la campera y el poncho para que no se me cayera todo por el precipicio. Consejo para evitarlo: no ratoneen en sus mochilas. Esta vez, ir a Once no me vino bien.

A medida que la vas subiendo, te vas encontrando con algunos miradores para quedarte un rato, sacar fotos y recuperar energías para continuar subiendo. La vista es alucinante, lograndose ver desde una altura impresionante los restos arqueológicos de Machu Picchu y el río Urumbamba.

Desde el Huaynapichu
Debido a mi condición de viajera sola, y teniendo que pedir constantemente que me saquen una foto, conocí en la cima a un grupo de españoles, quienes se convirtieron en mis compañeros de recorrido cuesta abajo, y con quienes continuamos descubriendo el resto del día las maravillas de la ciudad inka.

Ya nos quedaban vestigios de nubes y el Sol (tan adorado por este pueblo ancestral) nos permitía ver los colores de Machu Picchu. Aprovechamos para descansar, continuar caminando por la ciudadela, ir al puente inca, dar de comer a las llamas que viven allí, y a eso de las 16.30 comenzar con el descenso nuevamente a Aguas Calientes (así es.. todavía las piernas tenían que responderme). Algunos de los chicos de España, que tenían el bus para volver hasta Aguas Calientes, se entusiasmaron con la idea de bajar caminando, así que me acompañaron por la bajada de los 1000 escalones, que por suerte se hicieron mucho más sencillos, luego de haber vivido la increíble experiencia de visitar Mapi (como le dicen los locales).

Amigos del Inka Jungle
Amigos españoles
En la bajada, también conocimos a una pareja de chilenos y un chico de Brasil, con quienes charlamos y luego, ya llegados a Aguas Calientes, fuimos a tomar algo a un bar, cansados, quemados, insolada en mi caso.. (SII ME PUSE PROTECTOR!!! (para quienes ya deben estar pensándolo.. pero estar arriba de las nubes y la transpiración obviamente merecían que me pusiera cada menos de dos horas algo que no hice.. y al estar nublado el Sol me jugó una mala pasada).

A las 21 partía el tren de regreso. El primer destino era Ollantaytambo. Todos los turistas (ya que los vagones se diferencian según locales y turistas - de ahí que salga tan caro el precio del tren para el extranjero) dormidos, bajamos en este otro pueblo incaico a los gritos de las mujeres que ofrecían buses o tenían ya carteles con tu nombre (como era mi caso ya que formaba parte del tour Inca Jungle que había contratado) y luego de ahí una combi nos llevaría de regreso a Cusco.

Con frío y un cansancio feliz, llegué a las 2 am al hostel en Cusco. Una ducha y a la cama.

Inka Jungle - Día 3: Camino a Aguas Calientes

Santa Teresa
Santa Teresa amaneció con lluvia, como ya nos había sucedido el día anterior. Desayunamos en el mismo lugar que la noche anterior, y luego era el momento de hacer Zip Line. Otra actividad que decidì no hacer porque pensaba quedarme recorriendo el pueblo y sacando fotos. Nada de eso pude hacer por la fuerte lluvia.







A pesar de que me molestó un poco que al final no hubiera un plan B para los que decidían no hacer la actividad OPCIONAL, me quedé tomando un café con Amoroso.
Amoroso nació en Cusco y tiene 40 años. Hace varios años que decidió convertirse en guía turístico de la Ciudad que tanto conoce, para mostrar y enseñar sobre la cultura de sus abuelos y bisabuelos.
Charlamos sobre la situación de Perú, los medios de comunicación y periodistas locales, la vida de los peruanos, particularmente los cusqueños.. en fin, fue una hora muy rica para conocer la percepción de un local que supo contarme muchas anècdotas de los diferentes temas de interés que tratamos en ese café.


Pasaron dos horas más y partimos todo el grupo en una combi hasta el comienzo de la Hidroeléctrica, donde tuvimos unas 3 horas de caminata hasta el pueblo de Aguas Calientes. Desde el camino, y esperando que las nubes se corrieran un poco, ya podíamos comenzar a visualizar la montaña Macchu Pichu y Huaynapichu, que subiríamos al día siguiente.
Ya estabamos cada vez más cerca...
Camino por la Hidroeléctrica
Hidroeléctrica


Aguas Calientes

 

jueves, 29 de agosto de 2013

Inka Jungle - Día 2

Amanecimos en el pueblo de Santa María a las 6.30 y una lluvia finita ya amenazaba con seguirnos durante todo el día de caminata.
En un estado total de negación con la posibilidad de que llueva durante mi estadía en Cusco (“no es temporada de lluvias ni de derrumbes, en qué buena fecha me voy!”) tuve que salir a comprar un poncho por 3 soles al mercado de enfrente antes de partir al trekking por las montañas.
Salimos luego del desayuno. Un grupo de 10 personas con ponchos de diferentes colores que marchábamos en fila hacia una subida por el cerro de unos 400 metros. No fue fácil. Amoroso nos hacía descansar cada unos 15 minutos, pero cada piedra que subíamos (con las mochilas que habíamos levado para el mini viaje) se hacía cada vez más alta.
Sin embargo, la vista que alcanzábamos del valle a medida que subíamos merecía que siguiéramos escalando. El río, las montañas, las nubes, nos hacían olvidar que veníamos caminando hacía ya 6 horas y que los mosquitos y la lluvia nos acompañaban.
Además, había algo muy placentero que nos esperaba al final de la caminata, ya en el pueblo de Santa María: los baños termales. A eso de las 17 llegamos a los “Hot Springs” (si algo tuve que hacer estos 4 días fue hablar y hablar en inglés) y nos metimos en unas piletas de agua caliente para relajar el cuerpo después de tanta actividad.
Luego de los baños aprovechamos para tomar algo (bah..el grupo.. en las termas los precios eran bastante más caros y como buena sudaka mochilera desistí..) y se nos sumó a la “familia” (tal como Amoroso denominaba el grupo) una pareja de alemanes que seguirían con nosotros rumbo a Macchu Pichu.
Por la tardecita fuimos hasta el hostal donde pasaríamos la noche, y luego fuimos a cenar a un lindo restaurant en el pueblo. Era nuestra única noche para poder quedarnos despiertos hasta un poco más tarde, pero en Santa María no habían bares abiertos a las 22 hs, por lo que nos quedamos tomando una cerveza en el restaurant.
A eso de las 23 regresamos al hostal que, tal como el anterior, no poseen agua caliente. Mis ganas de un poco de jabón fueron más fuertes y decidí congelarme un poco antes de irme a dormir para comenzar el nuevo día que nos llevaría hasta Aguas Calientes (irónico, no?).

Inka Jungle - Día 1

Y así empezó la travesía hasta Macchu Pichu.. Lo único que había reservado antes de salir de Buenos Aires fue el Inka Jungle. Un tour por 4 días que te permite experimentar el camino hasta la esperada Ciudad Inka con actividades de turismo aventura. Una forma de poner a prueba mi "estado físico"  luego de un año de running,
El 22 de agosto a las 6.30 am me pasaron a buscar por el hostel, y luego de hacer lo mismo con otras 10 personas, comenzamos la travesía.
El grupo estaba formado por tres alemanes, un escocés, una pareja de franceses, una chica de Nueva Zelanda y otro chico de EEUU.
Amoroso, nuestro guía, nos condujo a la primera actividad del día: un recorrido de 60 km en mountain bike. Hacía tiempo que no me subía a una bici (pensaba moverme por Baires en la de mi hermana cuando volví de Bahía pero al final nunca la llevé a arreglar) y jamás había andado en ruta por la montaña. alcanzando velocidades de 40 km/h.
Fue “pura adrenalina”, como lo describió Amoroso. Nos conducíamos en fila y debíamos tener cuidado con los camiones y autos que circulaban por la ruta, y con las curvas pronunciadas que se encontraban cada 400 metros.
Hubo pequeños accidentes, sí… dos de las chicas cayeron pero por suerte no fue màs que unos golpes y moretones.. (madre, podés respirar de alivio. No fui yo ;) )
Más allá de los anteojos que se empañaban, el frìo que golpeaba el pecho y la mano en el freno que no dejaba relajarme, pude disfrutar del paisaje y de las casi 3 horas de bicicleteada por la montaña. Alucinante.
Finalmente llegamos al esperado almuerzo en el pueblo de Santa María, donde comimos lo que seria el menú casi establecido de los próximos 3 días: sopa con papa y verduras, pollo con arroz y papas y limonada para beber.
Por la tarde y luego de dejar las cosas en el hostal, tocaba el turno del rafting, actividad opcional que la mayoría del grupo no decidimos hacer. Así que decidimos salir a hacer “sightseeing” por el pueblo de Santa María. Paseo que duró exactamente 15 minutos ya que no había más de 3 cuadras de radio por donde moverse.

Los representantes alemanes, haciendo honor a su bandera, sugirieron ir por unas cervezas y tomarlas en el hostal. Algo que todos aceptamos y desde luego hicimos, hasta que llegara la hora de la cena a las 19.30 hs.
El día siguiente nos esperaría con mucha actividad física por delante…

A las salineras de Maras

No sólo se trata de Machu Picchu… Cusco tiene un sinfín de monumentos, ruinas y lugares para visitar.
Con Fede x 2 y Dorothy, a quienes conocí en la Plaza de Armas luego de que me acerqué a pedirles unos mates, nos fuimos a visitar las Salineras de Maras.
Salimos desde Cusco hasta el pueblo de Maras, que se ubica a 48 km al noroeste. Hicimos una caminata de unas dos horas hasta llegar a la entrada de las salineras.
Las salinas de Maras son minas de sal, que se presentan como formas de terrazas. Las atraviesa un riachuelo que nutre de agua salada las pozas, y por efecto del fuerte sol, el agua se evapora haciendo que broten los cristales de sal gruesa.

Investigando un poco más, leí que luego de un mes la sal alcanza los 10 cm de altura, y tiene que cosecharse.
Las fotos reflejan un poco del paisaje que acompaña estas salinas, impresionantes por su forma y actividad económica que representa para las familias que las trabajan de manera comunal.


El retorno a Cusco fue de lo más bizarro. En un colectivo lleno de cholos y cholas que peleaban por conseguir asiento, jóvenes que ponían la música a todo lo que daba (entre ellas el hit del momento que puse en mi post anterior y podés escucharlo aquí), y una mujer que discutía con un señor que, al no conseguir asiento, decidió sentársele encima.