Algo me habían hablado de la Isla más algunas fotos que vi de amigos que estuvieron allá. Pero no iba con tanta idea de qué iba a encontrar, más allá de un viaje en barco para llegar.
Decidí no pasar la noche en Copacabana y me saqué un boleto directo para la Isla. Lado Sur. Lo que considero la "macana" del viaje. Porque si bien no pagué caro por mi hospedaje (negocié con la mamita a unos 18 bolivianos por día), el lado norte mola mucho más, como diría un español.
![]() |
| Llegando a la Parte Sur |
Pero todo pasa por algo, y en el lado sur conocí a un grupo de amigos italianos muy buena onda con quienes subí al mirador el primer día y luego fuimos a tomar una birra durante el espectacular atardecer en la isla.
La noche es aun mejor. No hay ningún movimiento ni ruidos. Sólo los animales y algún que otro paso de alguien del pueblo que camina. Sólo la luna (que durante mis días estuvo bieeen llena y amarilla) y las estrellas (sin ánimos de armar una frase romántica) iluminan la isla.
Al otro día emprendí la caminata hacia la parte Norte. Lo que llama la atención es un especie de peaje que te encuentra cuando vas de camino. Un lugareño me frenó y me dijo que valía 15 bolivianos pasar para el otro lado de la isla.
La noche es aun mejor. No hay ningún movimiento ni ruidos. Sólo los animales y algún que otro paso de alguien del pueblo que camina. Sólo la luna (que durante mis días estuvo bieeen llena y amarilla) y las estrellas (sin ánimos de armar una frase romántica) iluminan la isla.
Al otro día emprendí la caminata hacia la parte Norte. Lo que llama la atención es un especie de peaje que te encuentra cuando vas de camino. Un lugareño me frenó y me dijo que valía 15 bolivianos pasar para el otro lado de la isla.

Unos argentinos en Cusco me habían alertado de esta situación, y me dijeron que ni se me ocurra pagarlos ya que se podía arreglar por menos. Eso hice, y charlando con el señor que cobraba por el ticket, acordé que le daría 5 bolivianos cuando regresara de vuelta para la parte Sur. Él me indicó el camino que debía seguir para no volver a ser interceptada por el control de boleto, y emprendí mi caminata hasta la parte Norte.
Fueron unas lindas dos horas, en las que caminé por las casas de las comunidades aborígenes que viven en la Isla y realizan agricultura, turismo, artesanías.
En el camino, conocí a un venezolano con su guía, con quienes fuimos charlando y caminando hasta llegar a Challampapa, la parte norte.
Mucho más pintoresca, tranquila, con playa, gente bohemia acampando, precios más baratos es la parte norte. No entendía qué hacía del otro lado y me dieron ganas de mudarme para allá. Hablando con unos chicos que conocí, quedé en que al otro día iría. Lamentablemente, los 20 dólares que había cambiado en Desaguadero no pude hacerlos durar mucho más en este lugar tan turísticos y sin tarjeta de crédito, y cuando regresé a la parte sur, caí en la cuenta que sólo me quedaban 25 bolivianos. Es decir, para la lancha de regreso a Copacabana.

Mi último día en la Isla del Sol culminó entonces con el regreso (otras dos horas) hasta la parte sur, en companía de los italianos a quienes me encontré en Challampapa, los 5 bolivianos que le había prometido al señor del peaje ("si eres honrada, volverás por este camino y me darás los 5 bolivianos", me había dicho), otra cerveza para brindar por el retorno y té post cena con los simpáticos milaneses.
Al otro día a la mañana, ya de vuelta para Copacabana.


No hay comentarios:
Publicar un comentario